Bicentenario de las Instrucciones del Año XIII

Natalicio de Artigas

artigas copia

19 de junio de 1764
Comienza el invierno.
El ruido de los carruajes, el galope de los caballos, las voces de la gente rompen, aquí y allá, la tranquilidad de la pequeña ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.
Un grupo de vecinos vestidos "a lo cabildante" va hacia la casa donde viven los Artigas.
Al rato salen todos llevando un niño nacido dos días antes.
Van hacia la Iglesia Matriz, donde luego de realizada la ceremonia queda en la hoja 209 del Libro I de Bautismos la siguiente anotación:
"Día diez y nueve de junio de mil setecientos sesenta y cuatro nació José Artigas, hijo legítimo de don Martín José Artigas y de doña Francisca Antonia Arnal, vecinos de esta ciudad de Montevideo".
Todos están contentos.
Los padres y los abuelos más que nadie.
Sin duda, el abuelo de recién nacido recuerda en ese momento cuánto tiempo pasó desde que abandonó su Puebla de Albortón, en España, para venir a América.
Don Juan Antonio Artigas, que este es el nombre del feliz abuelo, había llegado al Río de la Plata de 1716 y desembarcado en Buenos Aires, que, por ese entonces, era muy pequeña.
Era la época en que los portugueses buscaban atrevidamente fundar pueblos en la orilla oriental del río, para poder extraer mercaderías de contrabando y embarcar los cueros que faenaban a ocultas.
Cuando un gobernador de Buenos Aires, llamado Bruno Mauricio de Zabala, vino a fundar un fuerte en la bahía de Montevideo, Juan Antonio resolvió acompañarlo en esa difícil empresa junto su esposa, doña Ignacia Carrasco, y sus hijos.
De esto hacía treinta y ocho años.
Pocas familias habían venido y con la ayuda de indios tapes, luego del reparto de solares que había delineado Millán, levantaron esta ciudad de Montevideo, sus murallas, su fuerte, su ciudadela, el Cabildo, la iglesia...
Y ahora esa población ha crecido. Ya cuenta con varias centenas de pobladores: muchos comerciantes, algunos hacendados, militares, varios artesanos, empleados, peones de barracas, esclavos. Tiene calles rectas y anchas, casas construidas con ladrillos, y algunas de ellas tienen azotea.
Juan Antonio Artigas se siente orgulloso y feliz de que su familia y su ciudad crezcan.
¿Qué llegará a ser su nieto para esta ciudad y esta tierra que él había defendido y quiere tanto?
Seguramente un hombre de provecho, se dice el buen abuelo.

Alfredo Gadino

La vida del héroe José Artigas narrada para los niños