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¿Cuál es el lado positivo del error?

¿Es posible reciclar el error?

¿En qué ámbitos es posible considerarlo positivo?

¿Se puede aprovechar como un recurso de aprendizaje?

¿Cómo podemos utilizarlo como estrategia didáctica?

Como maestros preocupados por el cómo enseñar, por cómo aprenden nuestros alumnos, cómo motivar nuestras clases y por los logros en los aprendizajes que muchas veces no nos satisfacen, provocando frustración y desánimo tanto en los docentes como en los alumnos. Dialogando con otros colegas en las salas, en los recreos, en las reuniones, apreciamos que es una preocupación compartida el hecho de que nuestros niños no logran construcción exitosa de algunos conceptos que ya han sido tratados en años anteriores, observando cómo se repiten “errores” o nociones equivocadas.

Surgen las preguntas: ¿por qué no se construyó este concepto si se viene enseñando desde años anteriores? ¿En qué fallamos?

Creemos que estas inquietudes deben llevarnos a reflexionar sobre nuestra prácticas educativas, desde el qué, cómo, cuándo, por qué, de lo que enseñamos, pero también desde una óptica teórica conceptual potente, desde una perspectiva que nos permita el análisis y problematización de las situaciones educativas y desde esta manera poder tomar decisiones acertadas en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.

Junto con este marco teórico conceptual, deberemos apropiarnos de un amplio conjunto de estrategias para realizar el proceso de enseñanza en los diversos aspectos que lo componen, lo cual beneficiará la actividad constructiva, referida a los aprendizajes de nuestros alumnos.

Vivimos en una sociedad en donde las redes sociales son tan potentes en su influencia que provocan dependencia, pese a que los niños y jóvenes no suelen usarlas con el sentido educativo, cuando lo hacen, por ejemplo para buscar información, aunque tienen aspectos positivos, ya que amplían el mundo conocido, también presentan dificultades, ya que el espectro de información es muy amplio, donde el origen de la fuente no siempre es validado científicamente. Esto lleva a que los alumnos posean muchas nociones que no son adecuadas para su edad, porque son muy complejas y/o porque presentan errores, formando parte de la estructura de sus ideas previas. Muchas veces forman constructos que como docentes sabemos son difíciles de desacomodar para después volver a acomodar el nuevo concepto académico o científico.

He aquí la importancia de lo hablado anteriormente sobre las estrategias de que dispone el docente para tratar estos múltiples aspectos que se nos presentan en el quehacer cotidiano de nuestras aulas.

¿Qué son las estrategias de enseñanza?

Son opciones y posibilidades para que un concepto sea enseñado; son decisiones creativas e inteligentes para compartir con los alumnos para favorecer su proceso de aprendizaje. Son una variedad de herramientas artesanales, porque cada niño y cada grupo son diferentes a otro, lo que significa que no siempre una estrategia funciona en todos los grupos, ni hay una receta que sea aplicada en todos. Sí, se pueden compartir experiencias exitosas que adaptadas al contexto específico de la clase, pueden dar resultados positivos.

¿Por qué hablar de las estrategias? Porque en la Didáctica del error, éste es considerado una estrategia didáctica. En el momento de planificar, el docente debe reflexionar y manejar estrategias para atender a la diversidad, por lo tanto resulta imprescindible el tratamiento del “error”, tanto en el inicio, el desarrollo y en el cierre de una actividad.

Es importante la evaluación del proceso que realizaron los alumnos en el tema tratado y la autoevaluación que realiza el docente de su quehacer, de las propuestas y de las estrategias empleadas.

A continuación consideraremos el tratamiento del error como una estrategia para que a partir de él se lleven a cabo verdaderos aprendizajes y a la vez le permitan al docente a repensar sus prácticas.

¿Qué es el error?

Es un principio de conocimiento. Forma parte del progreso de una persona, es un indicador irrefutable de su indeterminación y libertad.” Solo puede errar quien es libre”. Esto es así porque teniendo inteligencia y voluntad decide apartarse de lo conocido o esperado y buscar nuevos desafíos que lo lleven a cuestionar lo que es verdadero o aceptado por la sociedad.

Ayuda a descubrir la verdad, por lo tanto el error y la verdad son términos que se implican de manera inversamente proporcional. Son conceptos inseparables en el proceso de conocimiento. Todo error tiene un cierto grado de verdad y viceversa. Un ejemplo bien sencillo de esto es que en la antigüedad, se creía que la Tierra era cuadrada. Esta teoría fue divulgada por la comunidad científica de la época como una verdad absoluta.

“No hay verdad sin error rectificado”. El error es consecuencia de la búsqueda de nuevos caminos para avanzar sobre lo desconocido.

¿Es posible reciclar el error?

Si en nuestras prácticas, acumulamos errores, todo será inútil. Debemos analizar el tipo de error de entrada, proceso y salida para reflexionar sobre él. Sin esa reflexión estaríamos realizando un tratamiento del error que está lejos de ser didáctico.

Para poder reciclar, es importante no acumular. Por ejemplo, si estamos trabajando sobre la Revolución Industrial y el niño no reconoce los atributos del concepto de revolución y de industria y se sigue avanzando en el tema, en el proceso el alumno va acumulando errores en la construcción del conocimiento que dificulta posteriormente la posibilidad de reciclar el tratamiento del error. No es lo mismo tratar un error o fallo que encontrarnos con un cúmulo de ellos puesto que se corre el riesgo de que el docente se sienta desbordado en la capacidad del tratamiento de los mismos. Por tal motivo hay que detectarlos a tiempo y contar con un bagaje importante de estrategias para actuar en forma inmediata.

¿En qué ámbitos podemos considerar positivo el error?

El error es considerado como algo inevitable, tanto en la vida cotidiana como en la ciencia, también en la educación, porque es inseparable del hombre y es constructivo.

“El error, al igual que una moneda, tiene cara y cruz; todo depende del lado por el que lo miremos.” “El error es una planta resistente: florece en cualquier terreno”

Nos permite aprender a través de él, por lo tanto en la búsqueda de la verdad tenemos que aprender de los errores.

El conductismo consideraba que el error era un obstáculo, un riesgo para el aprendizaje. Sin embargo actualmente en una Didáctica crítica lo consideran como “estrategia constructiva para el aprendizaje.”

“Un error corregido puede ser más fecundo que un éxito inmediato, porque la comprensión de una hipótesis falsa y sus consecuencias provee nuevos conocimientos y la comprensión entre dos errores da nuevas ideas”

El error puede ser utilizado como una estrategia innovadora para aproximar la teoría y la práctica (praxis) para pasar de un enfoque de resultados a uno de procesos; de una pedagogía del éxito a una didáctica del error, aprendizaje de procesos y enseñanza de contenidos.

¿Cómo podemos usar el error como estrategia didáctica?

Muchos de los errores de las situaciones didácticas deben ser considerados como momentos creativos del alumno, fuera de una norma que no ha sido interiorizada.

Podemos utilizar tres momentos del tratamiento didáctico.

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Detección de errores

Mientras no se localice y se tome conciencia de ellos, no es posible seguir adelante. Esta detección puede ser realizada por el maestro, por el alumno que cometió el error o por sus compañeros. Todo depende del tipo de error.

En el caso presentado en la imagen ¿el niño es consciente de que resulta equivocado quedarse con la duda sin preguntarle al maestro? Nos parece que no. El maestro subrayó lo incompleto de su conocimiento, pero no trató de detectar el origen del error. El alumno hizo un proceso mental de la lógica lingüística, que lo llevó a un resultado que para él era válido, faltando la orientación y guía del docente en el tratamiento del error.

Para que se dé un nuevo aprendizaje, tiene que aplicarse en un entorno nuevo. Esto es difícil para el niño, por la falta de un conocimiento preciso de los límites de validez de la regla y las excepciones. Es lo que ocurre en toda actividad de transferencia. Esta no es posterior al aprendizaje, sino que forma parte del mismo.

Identificación del error

No debemos quedarnos solo con la detección del error. Es necesario pasar a la descripción del tipo de error y causa del mismo. Es importante porque nos proporciona información para la rectificación del error.

Es el momento en que podemos visualizar si se trata de un desajuste o inadecuación de la respuesta, por lo cual es necesario averiguar qué criterio se ha transgredido y porqué.

A nuestro criterio puede tratarse de:

A) Error de entrada, dado que el problema puede superar la capacidad o competencia del sujeto.

B) Error de organización y relación con conocimientos previos.

C) Error de ejecución, por falta de práctica y de tiempo.

Al evaluar el fallo de la respuesta que el alumno expresó al maestro, se tuvo en cuenta nada más que la competencia comunicativa, sin identificar la causa.

Rectificación de errores

Después de localizado e identificado el error, se procede a su corrección y eliminación. En este punto resultan muy ricas las estrategias de puesta en común luego de terminada la tarea, o realizar la corrección con otro compañero, atendiendo a la ”zona de desarrollo próximo”, puesto que la didáctica del error nos permite introducirnos en los procesos de desarrollo cognitivo antes de desaparecer. Este debe ser eliminado y para ello es necesaria la conciencia del sujeto sobre sus propios errores.

No es tarea fácil, lleva su tiempo, dependiendo del concepto en cuestión, de las ideas previas, de la edad y de las propuestas de transferencia que el docente propone en otros campos.

No es tarea fácil pero tampoco imposible, no nos agobiemos por la extensión del programa, esto sería insano para las prácticas educativas y seguiríamos en una Didáctica tradicional, en la cual solamente importa acumular información y técnicas mecánicas para lograr la acreditación.