"La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el 22 de diciembre del 2013 declarar al 2014 como el "Año Internacional de la Agricultura Familiar" a sugerencia de la FAO. La agricultura familiar (AF) es una forma de vida y cuestión cultural que tiene como objetivo la reproducción social de la familia en condiciones dignas. Obviamente la agricultura familiar es muy diferente de la agricultura comercial. En la AF el trabajo es aportado por miembros de la familia y entre ellos se transmiten prácticas, valores y experiencias."
De www.fao.org

En el marco de la declaración de las Naciones Unidas de este 2014 como el Año Internacional de la Agricultura Familiar se impone impulsar nuevas estrategias donde las familias, comunidades o pequeñas localidades busquen un estilo de desarrollo sustentable. Un estilo que fomente la participación activa y responsable de las personas en el uso de los recursos naturales, de modo tal que dispongan de los beneficios que de ellos se obtienen y de reciclar los desechos que se generan. La agricultura familiar se ve, entonces, como una posibilidad de paliar carencias alimenticias donde quienes se involucran en estos emprendimientos asumen la responsabilidad de la producción, que tiene como objetivo principal el autoconsumo.

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Como docentes nos planteamos qué podemos hacer desde la escuela para promover el interés por las prácticas saludables que busquen una mejor calidad de vida, donde la alimentación y la obtención de alimentos son esenciales, considerando todos los esfuerzos ya realizados en muchas de nuestras instituciones en línea con las políticas educativas.

"Toda persona tiene derecho al acceso a alimentos sanos y nutritivos, en consonancia con el derecho a una alimentación apropiada y con el derecho fundamental a no padecer hambre."(Publicación CEIP, INDA, MIDES, FAO, 2010. Pág;5)

Apuntamos a obtener un estado personal y familiar de bienestar, esto posibilitará que los conocimientos adquiridos se traduzcan en comportamientos y que a su vez generen estilos de vidas más sanos.

Nuestra tarea será el promover espacios donde el "ser" tenga más valor que el "tener", donde escuchar a los otros y ser escuchado sea importante estimulando la generación de vínculos basados en la confianza y el respeto.

Compartir momentos es la tarea fundamental; el gran desafío es poder generar los espacios para que los padres se integren en forma natural y comprometida con las actividades que desde la escuela se coordinen. Esto quiere decir que para que los cambios a los cuales apuntamos realmente se concreten, el esfuerzo no puede ser aislado, sino que por el contrario, se requiere de la participación activa de las familias desde el inicio. De allí la importancia que adquiere la modalidad de trabajos en talleres que permitirá aportar desde las experiencias personales, hacer, decidir, interrogar, investigar pero sobre todo, compartir conocimientos y logros colectivos.

La realidad de hoy nos impone organizar los tiempos cuidadosamente. Sabemos que muchas veces por problemas de horarios hay familias que no pueden acercarse a la escuela. De allí que la agenda de trabajo debe ser organizada con los padres y con tal flexibilidad que, sin perder de vista los procesos y las etapas que se deben cumplir en una secuencia de aprendizaje, estos puedan integrarse en cualquier momento. Una modalidad puede ser proponer talleres en los que participen de la organización o realizar aportes desde el hogar, en el caso de que no se pueda contar con su presencia en la escuela; lo importante es que nadie quede excluido y hacer hincapié que la tarea será posible si todos se comprometen en la misma.

"... la educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo." (Freire, 1970:9)

Para el abordaje del siguiente trabajo nos hemos apoyado en nuestras experiencias docentes en el aula, tras la búsqueda de mejores resultados en el proceso de enseñanza aprendizaje. Las palabras de Paulo Freire parecen muy ambiciosas para la tarea planteada, pero creemos valioso hacer referencia a ellas tratando de descubrir en una tarea tan "sencilla" como construir una huerta, los supuestos siempre vigentes del filósofo brasileño.

Concientizar en los niños la importancia de una alimentación saludable provista por ellos mismos o es más, por el núcleo familiar, como objetivo colectivo hará al niño crecer en un sinnúmero de experiencias: proyectar, evaluar, esperar, esforzarse constantemente, cuidar, estar atento, colaborar, ser solidario, escuchar, hacer acuerdos, observar y sobre todo ser responsables del COMPROMISO asumido.

De esta manera podemos pensar como Freire "en una alfabetización que fuese en sí un acto de creación capaz de desencadenar otros actos creadores".

Una huerta escolar así sea en su mínima expresión por causas locativas o por la existencia de otros proyectos escolares de la institución, que se consideran más necesarios puede "desencadenar" otras huertas ya sea familiares o más ambiciosas barriales. Tal vez no para el aquí y ahora pero si para el mañana del niño.

Todos los sentidos se vuelcan en la tarea, las texturas del suelo, de las hojas, los aromas, colores y sabores se combinan en la huerta para hacer de la tarea un juego responsable. Todos los sentidos, sumando sentimientos de logros y satisfacciones pero sobre todo el sentirse transformadores y administradores del ambiente, creadores y cuidadores de su propia persona.

La generosidad que nos brinda la huerta da espacio a la diversidad, la tarea docente es garantizar a todos nuestros niños y sus familias independientemente de su condición y sus capacidades, un lugar en ella.