La planificación didáctica, entendida como instrumento de trabajo de toda la escuela, permite prever y organizar las acciones, anticipar situaciones, tomar decisiones fundamentadas. En este sentido, es un tiempo-espacio de búsquedas, aportes, reflexiones, discusión, actividad compartida (Pitluk, 2006). A la hora de planificar la tarea se pueden adoptar formas o estructuras variadas. Unidades Didácticas, Proyectos y Secuencias Didácticas constituyen formas posibles que ayudarán a ampliar, diversificar y enriquecer las oportunidades educativas de los niños.

La finalidad central de este capítulo y del libro en general es presentar algunas ideas y ejemplos “disparadores” sobre la planificación de Unidades Didácticas y Proyectos para invitar a ejercitar la imaginación didáctica de los docentes, para discutir, para disentir y para tener un punto de partida (otro más) para construir criterios. Aunque usualmente se critica a las “recetas”, éstas sirven para inspirarse y buscar un modo personal de hacer las cosas. Es desde esa perspectiva que compartimos este material, que es en algún sentido heterodoxo, pues se propone abrir el espectro de posibilidades para seguir pensando juntos en estas estructuras didácticas tan establecidas en nuestras tradiciones de enseñanza.

Mucho se ha dicho acerca de las Unidades Didácticas y los Proyectos. Suele decirse, por ejemplo, que la diferencia entre una Unidad Didáctica y un Proyecto es que este último “tiene un producto”. Y aunque eso no es del todo falso, hay que decir que esa distinción es insuficiente y superficial. Es como decir que la diferencia entre una espinaca y un rosal reside en que este último da flores bellas. Hay muchas otras diferencias, antes del resultado, que ameritan ser consideradas para captar y comprender la esencia de cada estructura didáctica.

Comencemos, entonces, por repasar algunas reflexiones sobre estas dos fuertes estructuras didácticas: la Unidad Didáctica y el Proyecto.

LA UNIDAD DIDÁCTICA

La Unidad Didáctica es un modo de organizar la enseñanza que se basa en ciertos criterios coherentes con el perfil del niño que concurre a la escuela. Siempre que elegimos un modo de formular, organizar, realizar y evaluar la enseñanza, indefectiblemente tomamos partido por algunas opciones y desechamos otras. En ese sentido, optar por la Unidad Didáctica implica aceptar que:

→ La vida cotidiana está llena de secretos que los niños pueden descubrir haciendo las preguntas adecuadas, y para eso hace falta ver con intensidad y curiosidad un “pedacito” de esa vida cotidiana (en nuestros términos, un “recorte”) e inundarlo de preguntas.

→ Lo anterior es consistente con un posicionamiento pedagógico que reconoce que el conocimiento - aquel mundo de saberes, destrezas y actitudes al que queremos acercar a los niños- está siempre mezclado con las experiencias cotidianas, e inmerso en una complejidad que vale la pena conservar y aprovechar.

→ Desde esta perspectiva, no necesitamos organizar la enseñanza a partir de las disciplinas (o de las asignaturas escolares tradicionales) pues al enseñar con Unidades Didácticas no pretendemos clasificar el conocimiento: éste aparece inmerso en el orden que le da la realidad social. Pero aunque la Unidad Didáctica no clasifica el conocimiento desde las disciplinas, sí recurre a ellas porque pueden ayudar a preguntar. Así, es posible acercarse al “recorte” de la Unidad Didáctica y preguntar como matemáticos, preguntar como artistas, preguntar como científicos, etc.

La Unidad Didáctica es, entonces, un modo de organizar la enseñanza que da por ciertos una serie de principios educativos progresistas y renovadores: el valor de la pregunta, el carácter abierto y complejo del contenido, la idea del docente como un guía experto que ayuda a indagar, entre otros.

Hay un gran mensaje en cualquier Unidad Didáctica, se trate sobre lo que se trate y sea cual fuere su recorte. El mundo puede mirarse de dos maneras: superficialmente, desde la vivencia cotidiana, espontánea, ingenua, práctica; o bien profundamente, mediante una interrogación curiosa y sistemática. El gran mensaje de una Unidad Didáctica es, entonces, que vale la pena adentrarse gozosamente en este último modo de mirar el mundo.

Por otro lado, la Unidad Didáctica constituye todo un signo de identidad para la educación de los niños. Enseñar por medio de Unidades Didácticas es algo más que una decisión técnica, ya que al hacerlo, el docente se inscribe en una filosofía educativa de muy larga tradición. Así, enseñar por medio de Unidades Didácticas provee al educador tanto de una herramienta para reunir objetivos, contenidos, propuestas de enseñanza diversas y estrategias de evaluación, como de una credencial de identidad. Es una técnica, pero también una bandera. La Unidad Didáctica se formula por lo que es, pero dialoga con lo que fue, con lo que no es y con lo que no quiere ser. Por todo lo anterior, la Unidad Didáctica no es sólo ni principalmente un modo de escribir la planificación, sino que se trata de un modo de pensar la enseñanza, una filosofía, una actitud, un punto de vista.

Aunque no es el objetivo de este capítulo indagar en los antecedentes históricos de la Unidad Didáctica, digamos al menos que la idea de enseñar a partir de una recorte de la realidad (y no a partir de un listado de contenidos organizados por asignaturas o disciplinas) aparecía ya en propuestas y sistemas anteriores, como los llamados Centros de Interés desarrollados por Ovidio Decroly y las “lecciones de cosas” del siglo XIX (Peinado Antón, 2008; Del Pozo, 2007). Muchos de los principios de indagación que caracterizan a la Unidad Didáctica, además, reconocen numerosas semejanzas con la metodología de la investigación. No es casual: investigar es, también, mirar con ojos profundos, sistemáticos y curiosos una porción bien definida de la realidad.

Hacer estallar el contenido

La Unidad Didáctica enseña indagando, curiosa e intensamente, un recorte de la realidad. Y por eso, demanda desmenuzar, desarmar ese recorte. Podríamos decir que ese ejercicio de profundización acerca de todo lo que puede saberse sobre un recorte es como “hacer estallar el contenido” ¿Qué significa esto? Hacer estallar el contenido significa poner al objeto-recorte en el centro de la reflexión y extraer de él todo lo susceptible de ser sabido, todo lo preguntable, todo lo interesante y relevante.

Viene bien partir de un ejemplo.

Se trata de una Unidad Didáctica desarrollada alrededor de la elaboración del pan. El recorte elegido es “el trabajo de Juan, el panadero”. Haciendo estallar el contenido, vemos que:

→ El pan es un alimento conocido en todo el mundo, y muy antiguo. Distintos pueblos lo fabricaron de distintas maneras y para todos siempre fue muy importante.

→ Para hacerlo, hace falta harina, agua y sal. También se le suele poner levadura, que es lo que lo hace quedar esponjoso y suave. Y muchas veces se le agrega manteca, aceite o grasa, y también huevo. Para que quede más sabroso, además, se le pueden agregar todo tipo de semillas, condimentos o verduras.

→ Por eso existen muchos tipos distintos de pan: blanco, integral, de maíz, saborizado, pan sin levadura (llamado también “ácimo”), entre otros.

→ Otra forma de inventar panes es dándole formas diferentes: como una bolita, una trenza, una flauta, una rosca, o hasta puede hacerse pan con formas de animales, flores, estrellas, o hasta con las letras del nombre.

→ “Ganarse el pan” significa trabajar. Decir “pan”, muchas veces, sirve para decir “trabajo”. Por eso algunos grupos sindicales y de luchadores sociales usan las palabras “pan” y “trabajo” como consignas.

→ Los artistas también usan al pan como símbolo del trabajo. El pintor Ernesto de la Cárcova pintó en 1894 un cuadro titulado “Sin pan y sin trabajo”. El hombre mira por la ventana las fábricas donde le gustaría trabajar y golpea la mesa, enojado. En la mesa no hay pan… y la mujer, que está muy flaca por no comer, le da el pecho a su hijito con cara triste.

→ Otro artista, Antonio Berni, pintó en 1934 un cuadro llamado “Manifestación” al que muchos también conocen como “pan y trabajo”. Ahí se ve a un grupo de gente enojada protestando y en medio de ellos, un niño con un pedazo de pan. Lo que Berni quería mostrar es que los adultos deben luchar por sus derechos y para tener trabajo y poder así darle a los niños todo lo que necesitan.

Y esto recién empieza. Hacer estallar el contenido significa ir profundo en todo lo que el objeto puede traer consigo. Hacer estallar el contenido es una de las piezas de la filosofía de enseñanza propia de la Unidad Didáctica. Es punzar el objeto con la curiosidad e investigarlo con persistencia.

Veamos otro ejemplo. Supongamos que en una escuela de un medio urbano se está desarrollando una Unidad Didáctica sobre el recorte “El bar de la esquina”, y toma como uno de sus ejes el café. Entonces, ponemos el café en el centro y vemos que:

→ Es una infusión. Se hace a partir de semillas tostadas y molidas.

→ La infusión es un proceso que consiste en sumergir algo en agua caliente para extraer sus partes solubles. ¿Y qué significa “soluble”?

→ Hay café para preparar como infusión, y hay también café soluble, llamado “instantáneo” porque se puede preparar muy rápido.

→ ¿Cómo se fabrica el café instantáneo? Dicen que quien lo inventó, a fines del siglo XIX, se inspiró viendo polvo seco en el borde de una taza de café. Para producirlo, actualmente se usan maquinarias que lo concentran, lo secan y lo envasan en frascos.

→ El café se prepara con ayuda de varios instrumentos, y hay distintas técnicas. Cada uno usa la que le parece mejor: cafetera Express, cafetera eléctrica de evaporación, filtro manual de tela, cafetera manual de pistón.

→ Así como el mate se toma en casa o en un parque, el café se toma casi siempre en bares. Es común tomarlo después de la comida.

→ Se toma en una tacita llamada pocillo o jarrito. Solo, cortado o “lágrima”.

→ Tomar café sirve, muchas veces, como excusa para conversar. El café genera un clima de encuentro muy especial, íntimo, de charla seria o importante, y que es distinto del clima que generan el mate o el té.

→ A veces, “tomemos un café” significa “conversemos para resolver un problema”; otras, “conversemos para encontrarnos y ponernos al día”.

→ El café tiene “cafeína”, una sustancia que nos mantiene alertas y despiertos. En parte por eso no se lo dan a los niños. Y por eso mismo la gente a veces toma café mientras estudia o trabaja: para no dormirse.

→ En algunos lugares del mundo hay bares muy lujosos donde se hace arte con el café. Lo llaman arte del latte y consiste en hacer dibujos sobre la espuma del café cortado.

→ Otros lo usan como tinta, igual que se hace con el té, y hacen bellísimas obras acuareladas con matices del color del café, como el artista puertorriqueño Francisco Rivera Rosa.

Para hacer estallar el contenido es necesario preguntar y preguntar, buscar detalles, recorrer la historia y los conflictos que rodean al recorte, utilizarlo como excusa para llegar a pensar en temas esenciales y profundos que nos implican y nos comprometen. El grado de profundización en los contenidos dependerá de distintas variables, como la edad de los niños y el contexto en que se desarrolle la Unidad Didáctica, y es por ello que no debe tomarse este ejercicio como equivalente a la elaboración de un “programa”, sino como un medio de llegar al saber a partir de la curiosidad y la indagación. A modo de ejemplo de lo anterior, el hecho de que haciéndonos preguntas sobre el café nos aparezca el concepto de lo “soluble” no significa que los niños deban comprender acabadamente un proceso tan complejo. Pero sí es esperable, en cambio, que lleguen a identificar en este proceso la existencia de productos tecnológicos que provienen de un ambiente cercano y que logren relacionarlos con las necesidades que satisfacen, que es el eje del diseño curricular en el que este contenido se inscribe.

El ejercicio de “hacer estallar el contenido” tendrá siempre puntos de vinculación con los contenidos curriculares, porque éstos están pensados predominantemente desde una visión amplia y holística: no partir de un “programa” sino de una mirada comprensiva de la realidad inmediata, para comprenderla y problematizarla. De todos modos, el diseño curricular puede constituir una buena ayuda para “hacer estallar el contenido”.

Lo que surge de este ejercicio puede luego organizarse en distintas dimensiones, que son las que usualmente se vuelcan en una red.

Para el ejemplo anterior del café, por ejemplo, las dimensiones podrían ser:

La historia del café.

• Distintos tipos de café y modos de elaboración.

• Fenómenos físicos.

• Usos sociales vinculados al café.

• Usos artísticos del café.

Estas dimensiones no abarcan todo lo que puede decirse del café, pero sí trazan un recorrido posible que debe decidirse y ajustarse también de acuerdo con las experiencias de los niños, el marco curricular y el entorno en el que se ubica la escuela. De acuerdo con el tipo de recorte que organice la Unidad Didáctica, estas dimensiones podrían formularse en torno a: los espacios y subespacios de un lugar, las personas que trabajan, concurren o visitan un lugar; los conflictos y relaciones; los objetos y su uso; las reglas, normas y usos sociales; entre otros.

Si la Unidad Didáctica se enfocara, por ejemplo, en el recorte “La Biblioteca”, una forma posible de organizar las dimensiones de contenidos es la siguiente:

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Lo que muestra el cuadro es un mapa de grandes dimensiones o carriles por los que podría ordenarse el abordaje del recorte. Al pensar en forma minuciosa en la biblioteca, al recorrerla e investigarla, aparecen una serie de asuntos que la vuelven un espacio repleto de potenciales experiencias de aprendizaje para los niños. En la biblioteca pasan muchas cosas: unos lectores discuten sobre la diferencia entre Alicia en el País de las Maravillas en su versión original y en una versión adaptada con imágenes de la película de Disney. Un bibliotecario advierte a un usuario sobre las sanciones que le corresponderían de no devolver el libro en tiempo y forma. Una empleada imprime una credencial a un socio nuevo. Alguien busca un libro y el bibliotecario le explica cómo saber si se encuentra en la biblioteca, consultando las bases de datos. En cada pequeño episodio hay evidencias del carácter complejo y la riqueza de este espacio que, como todo espacio convertido en recorte, es también un espacio social.

Las propuestas de la Unidad Didáctica

A la hora de proponer experiencias a los niños, y ya que el espíritu de la Unidad Didáctica es la indagación, se deberán diseñar situaciones de juego, de diálogo, de producción y de intercambio en las que todo ayude a promover esa actitud, esas acciones, ese espíritu. Por ejemplo:

• Al proponer juego socio-dramático, incluir materiales nuevos vinculados al recorte y sus características e intervenir ocasionalmente, complejizando las concepciones de los niños sobre los usos y sentidos de esos materiales.

• Al proponer el juego-trabajo, considerar en qué rincones será apropiado teñir el juego de los contenidos y preguntas vinculados al recorte y rediseñarlos para ese fin. Puede intervenirse agregando materiales, o proponiendo nuevos modos de usar los existentes.

• Al proponer juegos con reglas, su diseño debería estar pensado para que jugarlos demande un cierto conocimiento sobre el recorte.

• Al proponer una experiencia directa, debería elegirse un lugar que represente genuinamente el recorte de la Unidad Didáctica. En los ejemplos anteriores, por ejemplo, el bar y la panadería parecen los espacios más adecuados. La experiencia directa es una vivencia central de la Unidad Didáctica, y por eso amerita ser cuidadosamente anticipada, planificar las actividades que se van a realizar en el lugar, tener recursos para registrar y recabar información y recuperar todo eso ordenadamente en los días posteriores a la salida.

• Ya sea durante la experiencia directa o en cualquier otro momento de la Unidad Didáctica, es oportuno realizar alguna entrevista a alguien que pueda informar sobre el recorte. Al hacerlo, se tiene la oportunidad de ejercitar el mayor de los procedimientos del niño como activo protagonista en la construcción del conocimiento: la pregunta. Es una de las ocasiones privilegiadas para hacer realidad aquel rasgo de la Unidad Didáctica de permitir al niño “indagar curiosa y profundamente” la realidad.

• Al proponer situaciones de diálogo e intercambio grupal, sería oportuno prever algunos ejes que sirvan para problematizar y ampliar las ideas de los niños. Partir de sus palabras, sus intereses y su experiencia no significa limitarse a ellas, sino tomarlas como envión inicial, para potenciar y expandir.

Reconocer diferentes puntos de vista y analizarlos, proponer juegos imaginativos a partir de sus ideas, dejar preguntas abiertas sobre el recorte que inviten a ser retomadas en la experiencia directa o la entrevista.

• Al proponer actividades de producción, ya sea que se trate de producción artística, literaria, de la fabricación de objetos, o cualquier otra actividad que involucre la elaboración de productos visibles y susceptibles de ser socializados, es oportuno preguntarse de qué modo esa propuesta aporta al conocimiento del recorte. ¿Pone a los niños en situación de enfrentarse a algunos desafíos que están presentes en el recorte? ¿Les da la ocasión de familiarizarse con objetos o materiales que pertenecen al recorte? ¿Los invita a vivenciar roles relacionados con el recorte?

Las actividades de una Unidad Didáctica pueden ser variadas y diversas. Durante una Unidad Didáctica, los alumnos y su docente pueden jugar, hablar, mostrar, guiar una observación, ayudar a mirar, proponer hacer algo, proponer imitar, explorar, investigar, ayudar a preguntar, leer, escribir… Pero lo que define a la Unidad Didáctica no es tanto el tipo de actividades que se proponen sino el espíritu y el tipo de compromiso con que se realizan.

Escribir la Unidad Didáctica

Los elementos que proponemos para organizar y formular por escrito una Unidad Didáctica son:

• Un Título

• Una fundamentación breve, que explique por qué el recorte elegido es relevante para este grupo, en este momento. Un modo posible de escribir una fundamentación eficaz y que nos ayude a pensar en la experiencia de aprendizaje que queremos promover, es pensar en tres párrafos, que digan:

1) algo sobre el recorte y su valor como contenido,

2) algo sobre los objetivos de la Unidad Didáctica y

3) algo sobre el grupo, sus características y lo que los hace destinatarios adecuados de esta propuesta. Por ejemplo:

El pan es un alimento antiquísimo, universal y su fabricación involucra procesos complejos e interesantes. Pero además, condensa una serie de valores sociales muy importantes, vinculados especialmente al trabajo.

En esta Unidad Didáctica se propone indagar y profundizar sobre las prácticas, saberes y objetos que se nuclean en la elaboración del pan, tomando como referencia central la panadería del barrio. La idea es recorrer algunos sentidos, tareas, fenómenos, que rodean al pan como objeto concreto y como objeto cultural e interrogarlos profundamente.

En algunas escuelas, los alumnos participan con frecuencia de un taller de cocina, que es uno de los eventos esperados de la semana, lo que probablemente favorecerá el tratamiento de algunas dimensiones de la Unidad Didáctica.

• Un Objetivo general (por ejemplo: “indagar y profundizar sobre las prácticas, saberes y objetos que se nuclean en la… (recorte)”. El objetivo tiene siempre una acción (conocer, profundizar, realizar una aproximación, etc.) y un objeto sobre el que recae esa acción (el recorte que elegimos).

• Una red o lista exhaustiva de lo enseñable sobre el objeto-recorte, para definir los contenidos posibles, elaborada a partir de un relevamiento o indagación previa. Aquí es donde volcamos lo que surge al “hacer estallar el contenido”.

• Contenidos expresados como afirmaciones. Se trata de expresar el saber de un modo similar a como nos imaginamos que podría enunciarlo el niño.

• Actividades, o propuestas que se ofrecerán al grupo. Es conveniente que las actividades se presenten ordenadas con algún criterio. Un modo clásico de ordenar las actividades es: actividades de inicio, de desarrollo y de cierre. Otro modo de ordenar las actividades consiste en presentarlas como: actividades para “elegir”, para “preguntar” y para “cerrar la idea, comunicar y compartir, sistematizar, e inventar algo nuevo”. Son modos concretos de iniciar, desarrollar y cerrar la Unidad Didáctica y probablemente ayudarán a tener presente el proceso:

- Actividades para elegir, conocer, acercarse e interesarse en el objeto recorte, donde nos interesará “abrir caminos hacia…” el objeto-recorte. Por ejemplo: presentaciones “casuales” del objeto central de la unidad en el contexto de la vida cotidiana del grupo; utilización de objetos relacionados que sirvan para abrir preguntas; planteo de problemas prácticos o preguntas que podrían resolverse o responderse mediante elementos o productos del objeto-recorte.

- Actividades para preguntar, comprender los por qué, darse cuenta de que ese objeto-recorte es más complejo de lo que parece, saber más, registrar, ponerse en el lugar de las personas que con el objeto-recorte. Por ejemplo: análisis de objetos, entrevistas a personas, experiencias directas, actividades de indagación, dramatizaciones, representaciones de distinto tipo.

- Actividades para cerrar la idea, comunicar y compartir, sistematizar, e inventar algo nuevo que sea posible gracias a haber conocido el objeto-recorte. Por ejemplo: organización de eventos de ferias, muestras, etc. o proyectos áulicos a partir del objeto-recorte.

• Experiencias de evaluación. La evaluación puede encararse de diferentes maneras:

o Una opción interesante es la repetición de propuestas al inicio y al final de la Unidad Didáctica. Repetir una actividad en distintos momentos y observar con detenimiento las diferencias entre una y otra “versión” de la actividad nos permite valorar el proceso, y nos ayuda a entender qué estructuras se han modificado, qué aprendizajes se han producido.

o Otro modo de evaluar es el análisis de las producciones de los niños. Lo que ellos dibujan, graban, inventan, escriben es una evidencia de lo que son capaces de hacer.

o Puede asimismo evaluarse mediante la observación sistemática del juego.

No incluimos aquí una serie de ítems prácticos que suelen incluirse en las planificaciones (recursos, espacios, cronograma, etc.) ya que se trata de aspectos específicos que exceden los alcances de este capítulo.

EL SENTIDO DE UN PROYECTO: UN ESCENARIO EN MOVIMIENTO

Más allá de los objetivos concretos sobre los que se estructure (realizar una muestra, construir un espacio, resolver un problema, ayudar a alguien, etc.) el propósito de un proyecto es siempre generar un sentimiento de pertenencia en el grupo de niños respecto de la actividad. El primer impulso de un proyecto, entonces, es de orden afectivo: “hagamos esto”, “necesitamos hacerlo”, “vale la pena hacerlo”. Se trata de crear una representación grupal compartida sobre la actividad y sobre su contexto, para aprender a partir de su realización.

Un proyecto es, de algún modo, un escenario en movimiento. Y se aprende proyectando porque el deseo de realizar hace que se expresen en nosotros las aptitudes estratégicas, que nos volvamos dinámicos, creativos y versátiles. El proyecto constituye un espacio donde necesariamente enseñar y aprender son más parecidos a diseñar, repensar, anticipar, decidir… que a “explicar” y “atender”, como podría suceder en una clase tradicional. Por eso el trabajo por proyectos tiene una impronta renovadora: se formula “en contra” de la enseñanza tradicional, predominantemente comunicativa.

Por todo lo anterior, el proyecto es una estructura didáctica flexible, y que lleva en su espíritu un tipo de energía diferente del de la Unidad Didáctica. Allí donde la Unidad Didáctica pregunta, indaga, profundiza y se dirige hacia adentro, hacia lo fino, hacia lo invisible, hacia lo insospechado que emerge al ser mirado con otros ojos…, el Proyecto en cambio se piensa hacia delante; es un motor en funcionamiento que busca lo necesario para construir realidad, y en el interín echa mano de todo lo que pueda ayudar a que una idea pueda convertirse en acto. Si la Unidad Didáctica es indagación, el proyecto es creación. Si la Unidad Didáctica es investigación, el proyecto es trabajo de campo, construcción activa. Lo que caracteriza a un proyecto es el hecho de estar impulsado por un hacer que busca concretar un propósito compartido.

El trabajo por Proyectos tiene una larga tradición en las ideas pedagógicas. Se dice de los proyectos algo similar a lo que se dice de los juegos empleados como recurso educativo: que son todo un signo de creatividad y progresismo educativo porque ponen al estudiante en el centro, pero que a la vez podrían ser bastardeados, mal entendidos o banalizados como mero contrapeso del conocimiento, o para hacer al saber más “entretenido”. El pedagogo francés Phillippe Perrenoud (2000) ha escrito que “en su visión más ambiciosa, la metodología de proyecto es la espina dorsal de una pedagogía del proyecto como manera común de construcción de los saberes en la clase. En el otro extremo, es una actividad entre muchas otras, que yuxtapone la resolución de enigmas, las palabras cruzadas o el concurso de cálculo mental en la vasta gama de estrategias que apuntan a hacer menos áridos los aprendizajes y a implicar a los alumnos, ya que el saber puro es poco movilizador”. Es decir que, a la vez que trabajar por proyectos convoca una energía renovadora y empática, que propone aprender haciendo, existe una cierta crítica a los usos demasiado laxos del término “proyecto”, que podría terminar aplicándose a cosas muy distintas entre sí.

Retomando la idea de Perrenoud, podríamos decir que “aprender haciendo” es bueno si no redunda en una especie de “hacer por hacer, en vez de aprender”.

Aunque estamos acostumbrados a analogar “proyecto” con “proyecto áulico”, la palabra “proyecto” se usa también cotidianamente para designar acciones que nada tienen que ver con una estructura didáctica. Un proyecto es, hasta donde el diccionario lo propone, un esquema o plan que se hace para darse una idea de cómo ha de ser un trabajo determinado. Es una disposición previa que se forma para la ejecución de algo de cierta importancia. Esta idea genérica de un proyecto, sin embargo, puede servir para organizar la enseñanza si se parte de la idea de que no se aprende sólo ni principalmente escuchando a los maestros hablar, sino que es oportuno hacer cosas para aprender. En un proyecto pedagógico, entonces, coinciden siempre dos objetivos:

- el del proyecto propiamente dicho, que es el que (en el mejor de los casos) viven como auténtico y movilizante los estudiantes;

- el objetivo de enseñanza que justifica, desde la perspectiva del maestro, su realización.

La Cueva (1998) señala una serie de ejemplos de “falsos proyectos” en los que se dice que se trabaja por proyectos, pero en realidad sólo se aparenta hacerlo. Menciona, por ejemplo, las tareas para la casa (que consisten solamente en buscar información sobre un tema señalado por el docente), las experiencias científicas en las que los niños siguen instrucciones sin decidir nada, entre otros casos donde se dice que se trabaja por proyectos, sin hacerlo realmente. Un modo de entender qué es lo que lleva a estos “falsos proyectos” es pensar en los dos objetivos (el objetivo propiamente dicho y el objetivo pedagógico) y tratar de reunirlos del mejor modo posible. Si el primero falta o es débil, el proyecto será un “como si” en el que nadie sentirá realmente que está comprometido con una meta auténtica. Si falta el segundo, las actividades serán divertidas y atrapantes, pero se perderá de vista la función educativa y formativa del espacio en el que se desarrollan.

Sobrevolando la literatura sobre el tema y pasando en limpio algunos puntos centrales, digamos que un proyecto se caracteriza por una serie de rasgos:

→ Parte de una meta clara y compartida, que reúne y orienta el trabajo de todo el grupo.

→ Está centrado en la producción, en el hacer, y como estructura didáctica nos sirve para enseñar haciendo.

→ Por lo anterior, invita al diseño, a la previsión de distintas tareas, a la formación de equipos o comisiones, a las reuniones espontáneas o planeadas para ir evaluando la marcha de la tarea.

→ Está orientado a la concreción de un producto, pero pedagógicamente favorece el análisis de los procesos. Por eso también siempre que se hace referencia a esta modalidad se menciona a algunos referentes importantes (Kilpatrick, Dewey, Freinet, entre otros) (Roldán Tapia, 1997) en cuyo pensamiento aparece la idea de actividad como eje del trabajo pedagógico.

Las propuestas del Proyecto Áulico

Algunas de las ideas que podemos tener en mente a la hora de diseñar propuestas dentro de los proyectos tienen que ver con aquellas necesidades propias de un plan flexible, que todo el tiempo necesita pensar en lo que se ha propuesto como meta.

• Al proponer actividades para formular el proyecto, sus metas, lo que se desea hacer, construir, producir o lograr, deberían tenerse en cuenta dos cuestiones. Por un lado, que para que la meta del proyecto sea una meta auténtica y compartida debe surgir genuinamente de intereses, deseos o preocupaciones de los estudiantes. En segundo lugar, será preciso proponer a la vez indagaciones para conocer mejor aquel producto que se realizará. Si el objetivo es, por ejemplo, crear una ludoteca, será conveniente llegar a ese objetivo a partir de observar las carencias reales a las que la ausencia de una ludoteca expone a los niños y las posibilidades que ésta abriría. A la vez, será oportuno indagar en experiencias de otras ludotecas ya existentes y averiguar qué se requiere para ponerla en marcha. Para ello, serán oportunas muchas de las estrategias usuales de la Unidad Didáctica: la entrevista, la búsqueda de información, la experiencia directa.

• Al diseñar momentos en los que se distribuyan tareas, se formen equipos de trabajo, se repartan responsabilidades, es importante tener un espacio común para luego compartir los avances. Este espacio puede tener un nombre y unos rituales asociados, para darle visibilidad e importancia. Con distintos nombres y distintas mecánicas (que oportunamente pueden tener un formato lúdico) este momento de puesta en común constituye una parte importante del trabajo por proyectos.

• En todo proyecto habrá actividades destinadas a resolver problemas, ya que todo proyecto (si en verdad es un proyecto) se encontrará con obstáculos de distinto tipo: falta de recursos, oposición de algunos actores a seguir adelante, dificultades no previstas, etc. Y si es cierto que se aprende haciendo, es precisamente gracias a la oportunidad que nos brinda la existencia de estas dificultades. Por eso, es precisamente allí donde debemos desplegar nuestra energía enseñante, nuestra habilidad para convertir estos problemas en desafíos para aprender.

• En el proyecto, las actividades de producción deberían enfocarse en los insumos para cumplir el objetivo del proyecto. Estas actividades serán, además, muy buenas ocasiones para integrar a las familias a la actividad escolar.

¿Cómo estructurar un proyecto? ¿Qué “partes” de una propuesta de enseñanza deberían estar presentes en un proyecto?

¿En qué difiere formalmente de la Unidad Didáctica? Puesto que la enseñanza se concreta en la acción -porque enseñar es una acción- lo que más ha de variar es el modo de encarar las actividades, por supuesto. Pero hay sutiles variaciones que vale la pena revisar. Aquí va el modelo genérico que proponemos para pensar un proyecto pedagógico en el aula.

Escribir el proyecto áulico

• Un Título

• Una fundamentación breve, que explique por qué el proyecto es relevante para este grupo, en este momento. Un modo posible de escribir una fundamentación eficaz y que nos ayude a pensar en la experiencia de aprendizaje que queremos promover, es pensar en tres párrafos, que digan:

1) algo sobre la meta propiamente dicha del proyecto y su valor como contenido,

2) algo sobre los objetivos pedagógicos del proyecto áulico, y

3) algo sobre el grupo, sus características y lo que los hace destinatarios adecuados de esta propuesta.

Por ejemplo:

El pan es un alimento antiquísimo, universal y su fabricación involucra procesos complejos e interesantes, que además, condensa una serie de valores sociales muy importantes, vinculados especialmente al trabajo. En este proyecto nos proponemos desarrollar y probar un recetario práctico de recetas de pan, para que parte de los alimentos que se consumen durante la jornada sean producidos por los propios alumnos.

Los niños están habituados a consumir distintos productos, entre los que el pan, las galletas y bizcochos, etc. ocupan un lugar importante y son, además, el tipo de alimento que consumen durante la merienda. Pero raramente tienen ocasión de vivenciar los procesos de elaboración y el trabajo que hay detrás de esos productos.

Desarrollar este proyecto es una oportunidad para acercarnos a los ingenios, esfuerzos, conflictos y sensaciones a los que nos enfrenta el mundo del trabajo.

• Un Objetivo general. Por ejemplo: “Construir un (…) para ayudar a (…) y poder, de ahí en más (…)” que tiene, como todo objetivo, una acción y un objeto, además de elementos de contexto.

• Una red o lista exhaustiva de lo que será necesario hacer para cumplir ese propósito, elaborada total o parcialmente con los alumnos. Aquí es donde procuramos hacer del proyecto un “escenario en movimiento”, donde medimos la fuerza de las ideas que se van a convertir en acciones.

• Contenidos. Los contenidos pueden enunciarse como afirmaciones, de modo análogo a lo propuesto para las Unidades Didácticas. Ya que el proyecto es por definición dinámico, muy flexible y recurre a los recursos subordinando todo al fin buscado, también pueden complementarse con preguntas que guiarán las actividades.

• Actividades, divididas en:

o Actividades para plantear y precisar la meta grupal que da sentido al proyecto, conocer y discutir el problema que ha de solucionarse, la ayuda que ha de prestarse, el espacio o la cosa que ha de construirse. Descubrir la necesidad del proyecto e instalar la sensación de grupo trabajando por algo, de representación compartida.

o Actividades para planificar los pasos, repartir tareas, reunir los materiales, hacer los contactos necesarios, anticiparse a problemas.

o Actividades de producción donde se asuma una modalidad de taller, de trabajo en equipos con puestas en común periódicas, y se desarrollen todas las acciones que conducen al propósito del proyecto y que fueron pensadas y programadas en la etapa anterior.

• Experiencias de evaluación, cuya formulación es análoga a las presentadas para la Unidad Didáctica.

Como puede verse, la red o lista exhaustiva ya no es una deducción de lo enseñable, sino una construcción conjunta a partir de un objetivo compartido. No es abstracción: es construcción. La idea de “escenario en movimiento” reemplaza a la idea de “hacer estallar el contenido” que estructuraba la Unidad Didáctica. No hay recorte, hay un gran propósito compartido. No se trata principalmente de indagar en la realidad, sino de construir realidad.

Los contenidos aparecen expresados de distintas maneras (incluyendo las preguntas) porque la pedagogía de la pregunta es la forma más eficaz de pensar una realidad que no está quieta sino que es objeto de intervención constante. Los ejes sobre los que se estructuran las actividades, por su parte, ya no son “investigativos”, sino “productivos”. Se plantea una meta, se planifica la acción, y se produce.

A modo de cierre

Las Unidades Didácticas y los Proyectos Áulicos no agotan el conjunto de estructuras didácticas que pueden organizar la enseñanza, pero dan cuenta de dos grandes modos de hacerlo, que llevan a cuestas dos pilares pedagógicos fundamentales: la indagación de la realidad entendida como un todo y la idea de que se aprende haciendo. Las dos ideas surgen de una inquietud, de una mirada crítica que sospecha de las formas canónicas de la enseñanza. En el caso de la Unidad Didáctica, la idea de indagar la realidad de un modo holístico se opone a la tradición de ver al mundo dividido en disciplinas o “materias”.

En lo referente al Proyecto Áulico, la premisa de “aprender haciendo” se halla en la base de las pedagogías activas que cuestionan, desde fundamentos constructivistas, al aprendizaje como un acto pasivo y meramente receptivo.