Cuando hablamos de leer, podemos referirnos simplemente al proceso de decodificación de símbolos gráficos, convirtiendo la lectura en una técnica de descifrado, mecánica, en la que se establece una correspondencia entre grafemas y fonemas.

Sin embargo, las nuevas concepciones de lectura, ponen el énfasis en la activa participación de los lectores. Éstos no llegan al acto lector “vacíos”, sino que traen consigo una serie de experiencias, conocimientos, sentimientos y expectativas, que inciden en el intercambio que se produce con el texto. Así la lectura se convierte en un acto complejo, en un proceso activo, dinámico, en el que la interpretación de signos gráficos se vincula con las vivencias previas, y se produce un intercambio entre el texto y el sujeto que lee.

El aprendizaje del código es, pues, el aprendizaje del vínculo entre la palabra hablada y la palabra escrita, pero la meta de la lectura es la comprensión del significado. Saber leer es interpretar, anticipar, sintetizar, extraer conclusiones.

La alfabetización, tradicionalmente relacionada con el aprendizaje de la lectoescritura, es un proceso que ha ido cambiando y reconstruyéndose a sí mismo con la evolución de la sociedad. Basta con observar que en las últimas décadas se ha incorporado la lectura hipermedial, que nos obliga a replantear las estrategias de acercamiento a los textos: la lectura de izquierda a derecha y de arriba abajo no se aplican en este caso. Direccionalidad y lateralidad juegan otros roles. Interpretar, seleccionar, “saltar” de una palabra a una nueva página, volver al origen para seguir la lectura, son herramientas necesarias en la presentación digital.

La constante renovación, hace que debamos estar permanentemente alertas para no quedar atrás en las transformaciones, ya que no basta de ninguna manera con la decodificación del alfabeto; queda claro que leer es otra cosa, genera un intercambio lingüístico que actúa sobre el texto y sobre el sujeto que lo lee.

Para abordar la lectura hay que tener en cuenta los aspectos neurológicos, las bases psicológicas del aprendizaje y la didáctica específica de la lengua.

El proceso lector implica dos funciones simultáneas y complementarias: descubrir las relaciones entre los fonemas y los grafemas por un lado; y por el otro reconocer el significado del texto, asimilarlo a los conocimientos previos y construir nuevos a partir del intercambio.

Visto desde este lugar, el proceso de lectura debe considerarse teniendo en cuenta ambos aspectos. De ahí la relevancia de que el acceso al código escrito tiene que darse siempre en un contexto que sea significativo para el niño. Si esto no se hace la idea que los niños están construyendo acerca de la lectura es errónea, ya que la comprensión está íntimamente ligada al desarrollo de las habilidades del lenguaje

Si profundizamos, podemos discriminar cuatro procesos que están implicados en la lectura:

· Procesos perceptivos

· Procesos léxicos

· Procesos sintácticos

· Procesos semánticos

A) Los procesos perceptivos están vinculados a la decodificación. Entre ellos se encuentran la discriminación entre figura y fondo, el reconocimiento de los rasgos distintivos de un objeto y la constancia de la forma. Los estímulos que apunten a desarrollar estas habilidades permitirán que los niños aprendan a obtener información de la forma de las letras y de las palabras.

Para los psicólogos que formularon la teoría de la Gestalt “el todo es diferente a la suma de las partes”, es decir que, aplicándolo a la lectura, el reconocimiento de los grafemas y su asociación con los fonemas, es diferente al reconocimiento de las palabras, y eso nos hace volver a la necesidad de la lectura contextualizada y significativa desde un inicio.

La teoría de la forma, además de la que se refiere a figura –fondo, incluye otras leyes como las de completud, similaridad y proximidad que guardan relación con el proceso de adquisición de la lectura. La primera, también denominada ley de cierre, es la que expresa que la imaginación tiende a completar las figuras inacabadas, la segunda permite establecer categorizaciones y globalizar, mientras que la última se refiere a la capacidad de integrar como un todo lo que se percibe cercano (como las letras que forman una palabra).

No podemos dejar de lado la percepción auditiva, tan importante en el proceso de adquisición de la lectura como la percepción visual. La discriminación auditiva, permite identificar las frecuencias de los sonidos, así como reconocer un sonido que se presenta como “figura”, lo que es imprescindible para poder leer. La ley de cierre, también es trascendente en este sentido, ya que gracias a este mecanismo se puede anticipar y globalizar la lectura, aumentando la rapidez y la comprensión.

A través de estos procesos obtenemos y extraemos información de la forma de las letras y de las palabras, tanto en lo visual como en lo auditivo. Esta información permanece un tiempo muy breve en nuestra memoria icónica; la cual no es suficiente, sino que requiere de la intervención de la memoria operativa, que permite dar un significado a los rasgos percibidos, convirtiéndolos en signos lingüísticos, habilitando la relación entre grafema y fonema. Finalmente encontramos la memoria a largo plazo, que almacena e integra todos los datos obtenidos a través de nuestra percepción.

B) Los procesos léxicos son aquellos que nos facilitan el acceso al reconocimiento de las palabras y de su significado.. Hay dos caminos o rutas para este proceso: una es la ruta fonológica y la otra es la ruta léxica. La ruta fonológica es la que permite acceder al significado mediante una conversión de cada grafema en su correspondiente fonema. Es una ruta lenta, que muchas veces requiere una relectura para poder llegar a la comprensión de las palabras. La segunda, la ruta léxica, es más directa, ya que es el reconocimiento de la palabra como unidad, por su forma global.

El uso de ambas rutas coexiste. Aún cuando siempre apuntamos a lograr la segunda, si nos enfrentamos a una palabra que es desconocida o poco usada, recurrimos a la ruta fonológica.

Ejemplo:

PARALELEPÍPEDO / MAMÁ

Para leer la primera palabra, recurrimos a la decodificación; mientras que la segunda nos permite una rápida lectura global, ya que la palabra es inmediatamente reconocida por nuestra memoria a largo plazo debido a la frecuencia con que la hemos leído.

Las dos rutas son complementarias, y los buenos lectores tienen ambos recursos desarrollados.

En lo que se refiere a los niños en adquisición de la lectura, deben sistematizarse ambos caminos en una secuencia que implica:

· La concientización de que las palabras o el lenguaje hablado está formado por unidades fonológicas más pequeñas (sílabas, fonemas)

· La identificación de los sonidos con signos abstractos (grafías), que no guardan una relación lógica que permita establecer asociaciones

· Unir los grafemas – fonemas formando palabras que tengan un significado

· Reconocer palabras de uso frecuente, que puede memorizar y no necesitan de la decodificación, como puede ser su propio nombre.

La experiencia lectora, en la que aparezcan palabras que predominen en frecuencia, hará que la ruta léxica domine a la fonológica; hasta que llegue un momento en que esta última se utilice solamente cuando se enfrenta a una palabra desconocida o de baja frecuencia.

C) Los procesos sintácticos son aquellos que permiten identificar las distintas partes en los enunciados y establecer el valor relativo que tienen, para acceder al significado eficientemente. Corresponde a estos proceso la identificación de los vocablos y sus funciones, dándole el valor que corresponde a los núcleos (nominal y verbal de un enunciado), a los complementos, y a aquellas palabras que no aportan significado, como pueden ser artículos o conjunciones.

D) Los procesos semánticos son los que está implicados en la comprensión de los textos. Esta es un proceso complejo que exige al lector la extracción del significado y la integración en la memoria. La profundización llevará a una jerarquización de las ideas, distinguiendo las principales de las secundarias. Las ideas previas interactúan con las que aporta el texto, y de esa dialéctica surge la comprensión, la integración de lo nuevo a lo preexistente, modificando los esquemas preexistentes o creando otros.

Todos estos procesos se tienen que tener en cuenta cuando se trabaja en lectura, ya que son complementarios. Según Gagné (1985), la lectura implica la decodificación, la comprensión literal y la comprensión inferencial, en la que el lector realiza asociaciones entre los enunciados y deduce información que está implícita en el texto. Pero además agrega un proceso al que llama control de la comprensión. Éste se refiere a la planificación de la lectura, es decir a la identificación por parte del lector de cuál es el objetivo que persigue, por lo que puede controlar si lo logra y realizar correcciones si es necesario. Estamos hablando, entonces, de una etapa de metacognición.

Una vez que establecimos los procesos que están presentes en el acto de leer, pasamos a las decisiones didácticas sobre los mismos: ¿se debe comenzar la enseñanza por el primer proceso, el de decodificación? ¿Se debe ir paso a paso, letras, sílabas, palabras, frases, párrafos, textos? ¿Se debe comenzar por textos completos?

A lo largo de la historia, las respuestas a estas preguntas han sido diversas. Así, se han sucedido el método analítico- sintético, el método natural, el método global, el constructivismo y posiciones sincréticas que han tomado elementos de diferentes métodos.

Si bien todos los métodos han dado como resultado sujetos que leen, el proceso, el interés y la forma de enfrentar un texto son diferentes.

Según Josette Jolibert, aprender a leer es aprender a interrogar textos completos desde el inicio, y a partir de esta premisa realiza su investigación.

Para aprender a leer, se debe enfrentar al niño con textos completos, reales, significativos desde el comienzo; no con palabras sueltas o textos simplificados por considerar que serán más accesibles. Nos referimos a textos que cuenten con una superestructura completa, reconocible, como puede ser un cuento, un poema, una receta, un afiche, un folleto. Los mismos, además de contar con superestructura, tienen una determinada intención comunicativa: entretener, informar, sensibilizar, persuadir, argumentar, etc., pudiendo entonces diferenciar tipos de textos.

El hecho de enfrentar a los niños desde el comienzo con textos completos, permite avanzar y profundizar en el sentido real de la lengua.

Leer, según esta investigadora a la cual nos adherimos, es aprender a interrogar el texto, es decir a construir activamente un significado, a incorporarlo a sus vivencias y conocimientos anteriores y a proyectarlo según sus intereses. Esto es muy diferente a las preguntas de comprensión que hace un educador, se trata de enfrentar directamente el texto, experimentar, explicitar y aprender las estrategias, automatizándolas para administrar personalmente la tarea de leer.

De esta manera, el aprendizaje es un proceso de autoconstrucción, en el que se conforman estructuras que permiten la adquisición de la lectura. Estamos hablando entonces de constructivismo, de elaborar andamiajes para lograr el conocimiento. Esa cpnstrucción se hace en la interacción con los pares, lo que nos lleva al concepto de zonas de desarrollo próximo, en las que los descubrimientos que realizan los demás estimulan y potencian los propios, estableciendo el ritmo de los avances.

Es fundamental que se brinde a los alumnos la posibilidad de “conversar” con los textos, de interactuar. La problemática de aprender a leer, así como la de aprender a escribir, requieren competencias lingüísticas comunes:

Buscar indicadores del contexto situacional del texto que se lee.

Delimitar los diversos modos de aproximación a las palabras: lectura global de palabras ya visualizadas, anticipación de palabras por el contexto, palabras que se pueden decodificar

Identificar la superestructura del texto ¿tiene una lógica interna funcional?, ¿un inicio y un cierre?, ¿un desarrollo cronológico?

Conocer las características formales observables que permiten identificar el tipo de texto (silueta)

Reconocer índices de la producción del texto: ¿quién lo escribió?, ¿para quién lo escribió? ¿por qué lo escribió?

: ¿Cómo enseñar a aprender estas competencias en un marco de aprendizaje significativo, constructivista e interactivo?

- Situaciones de vida múltiples, que permitan disfrutar de leer y producir textos en situaciones reales

- Módulos de aprendizaje que habiliten el desarrollo de estrategias lingüísticas. En estos módulos se aprende a interrogar un texto, confrontando estrategias con sus pares, elaborar y seleccionar las propias y avanzar en la toma de conciencia de sus procesos cognitivos.

- Actividades de entrenamiento y refuerzo, que se presenten selectivamente a los alumnos a través de contratos didácticos individualizados

¿Cuáles son los niveles de conceptualización lingüística claves para la lectura?

Para Jolibert son siete, que están escalonados, se nutren cada uno del anterior, pero al mismo tiempo se retroalimentan.

El rol del docente se puede resumir en:

- Crear las condiciones para una construcción cooperativa

- Proporcionar un ambiente rico en estímulos

- Proponer desafíos cognitivos que generen desequilibrios y habiliten nuevas construcciones

- Introducir situaciones individuales que apunten a los ritmos personalizados y a las necesidades de cada uno.

La enseñanza de la lectura y la escritura es una actividad cognitiva compleja por lo que debe exigir la participación activa del alumno. Debe ser una actividad conjunta, en la que docentes y alumnos tienen responsabilidades diferentes, participaciones variadas; con el objetivo de que el alumno se vuelva un lector competente y autónomo, pero especialmente que disfrute de la lectura, que la vivencie como una experiencia satisfactoria y como una herramienta indispensable en el aprendizaje.